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¡Dejemos atrás la sordera espiritual!2018-09-09 21:38:59
Mensaje del Domingo XXII de Tiempo Ordinario.
 
Orizaba.- Necesitamos abrirnos a la escucha de los demás. Acoger mejor la Palabra de Dios en nuestra vida, esto automáticamente nos hará más sensibles, dijo el Obispo Eduardo Cervantes Merino, en su homilía de este XXII domingo de tiempo ordinario.

 

Explicó que, si uno abre el oído para aprender a ser mejor escucha con tu familia, hijos y hermanos mayores, dejaremos atrás la sordera y tartamudez que nos hace indiferencia hacia quienes más nos necesitan.

 

Don Eduardo Cervantes Merino recordó la necesidad de aprender a escuchar a quienes están a nuestro lado para así, poder escuchar lo que el Señor nos va pidiendo. “Vivimos un mundo de sorderas de personas no siempre por los límites que pone la naturaleza, sino porque se va perdiendo el sentido del oído”.

 

Otras veces, la sordera es que sólo queremos oír, incluso del mensaje de Dios, aquello que nos conviene, somos selectivos en la escucha de lo que nos dicen los demás, se corta la comunicación y también el crecimiento espiritual de las personas.

 

“No oímos las necesidades y problemas sociales mientras no nos toquen directamente, no estamos atentos al ambiente de violencia, de corrupción, de trampas, mentiras y de cosas que se dan en la familia o comunidad, porque no oímos y nos vamos bloqueando. Sólo escuchamos lo que nos conviene”.

 

El Evangelio de San Marcos nos presenta en este domingo a Jesús que lleva una buena noticia, que no se reduce al pueblo de Israel, sino a la humanidad entera. Se nos presenta en un ambiente pagano a un hombre sordo y tartamudo; se le pediría a Jesús imponerle las manos, pero el Señor va más allá “le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva luego le dijo “Effeta” que quiere decir ábrete”.

 

El mensaje anima a nuestra comunidad cristiana de saber que Dios está cercano a nosotros, busca a quien aparentemente no tiene sentido, está marginado y es el aliento para el hombre que por más pecador que se sienta, el Señor sale a su encuentro, es quien viene a salvar, a restaurar a la persona lastimada por el pecado, la enfermedad, dolor y sufrimiento, indicó Monseñor.

 

La capacidad que la persona tenga una relación adecuada con los demás y con Dios y la sanación que tiene este hombre tartamudo, es un signo de la presencia de Dios, sintetizó.

 

Y agrega que, Jesús no tiene miedo de acercarse al pecador, no tiene miedo de acercarse a quien lo necesita. La cercanía de Dios en Cristo Jesús rompe todas las barreras en que nosotros por muchas razones ponemos límites.

 

Jesús toca la vida del sordo y tartamudo para que, tocando sus sentidos, su vida tenga sentido, horizonte y al expresar ¡Effeta! Jesús da una sola palabra porque lo hace todo, libera de los límites, devuelve la dignidad a la persona.

 

Para nosotros, al igual que el sordo y tartamudo: el Señor nos dice “ábrete”, quiere que nuestra vida esté sana, viene a tocarnos para que tengamos un oído abierto a Dios porque no podemos llegar a la escucha de su Palabra, sino estamos atentos a la escucha de los demás, insistió el Obispo.

 

Tras meditar el pasaje del Evangelio de San Marcos donde cita al sordo y tartamudo, El Obispo insistió que como discípulos aprendamos a oír a los demás, quitemos las barreas que construimos para tener contacto con el entorno y los problemas sociales.

 

Pidió no caer en el peligro y conveniencia de escuchar del Evangelio sólo aquello que nos acomoda o conviene. “Si logramos hacer este ejercicio de abrir nuestro oído a los demás, podremos abrirlo a la Palabra de Dios que quiere curar nuestra sordera física y espiritual. Es necesario aprender a oír no lo que uno quiere ni hacernos un Dios a nuestra conveniencia, porque eso es el peligro de grupos religiosos, sectarios y también católicos”.

 

Matilde De los Santos Parada

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