Diócesis de Orizaba
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HOMILÍA DE MONSEÑOR EN LA BÁSILICA DE GUADALUPE2017-06-06 23:11:54
*Peregrinación diocesana 2017.
 
HERMANOS SACERDOTES, RELIGIOSAS Y SEMINARISTAS, HEMANOS TODOS EN LA SANTA FE CATÓLICA.

1.  Este día, con gran alegría, la Iglesia Particular de Orizaba, pueblo de Dios que camina al Cielo,  viene desde la región de las Altas Montañas de Veracruz, a ponerse a los pies de nuestra querida Madre, Santa María de Guadalupe "La Madre del Verdadero Dios por quien se vive". Venimos a verla y a que Ella nos vea, porque somos sus hijos y queremos sentirnos  envueltos en su amor y ternura maternal.
 
2. Hoy, venimos a "la casita" que Ella pidió que se le construyera. Esta casita que es donde Ella está, que es de Ella y de todos los bautizados, discípulos misioneros de su Hijo Jesús. Aquí nos sentimos y estamos como en nuestra casa pues es "la casa de Mamá Lupita", y siendo de Ella, es también de nosotros. Es aquí donde de modo especial nos manifiesta su amor, compasión, auxilio y defensa; es aquí donde oye nuestros lamentos y remedia nuestras miserias, penas y dolores. Así se lo dijo a San Juan Diego y nos lo repite a nosotros. 
 
3. La familia de Dios que conforma la Iglesia de Orizaba, tiene un gran amor a nuestra Madre de Guadalupe y le rezamos en familia (que es la Iglesia doméstica, la Iglesia de casa), en los barrios, colonias y comunidades. Su imagen ocupa un lugar muy especial en nuestros templos y hogares, y hasta en nuestros parques y calles. Cuando le rezamos, nos llenamos de paz y alegría. Por eso, venir en peregrinación hasta esta Basílica de Guadalupe es un signo de amor, veneración y confianza de todos nosotros, pastores y pueblo de Dios, que buscamos la y queremos encontrar la mirada de nuestra Madre, sus manos cariñosas, el abrazo que nos envuelve de calidez, suavidad y fortaleza; queremos sentir su protección y ánimo que nos invita a  escuchar a su Hijo y "hacer lo que Él nos diga". María siempre nos lleva a Jesús.
 
4. Venimos con nuestros cantos, alabanzas y algunos signos de nuestra cultura (hoy hasta danza y música de viento), esa cultura que ha sido iluminada por la luz del Evangelio, por Jesús, Hijo de Dios hecho hombre y nacido de Santa María Virgen. Es María de Guadalupe la gran evangelizadora de nuestro pueblo desde su aparición entre nosotros Ella es referencia para la evangelización. Ella nos trajo a Jesús, el Sol que nace de lo alto, que ha llenado de alegría y sentido la vida de la nación mexicana y ha penetrado en la vida de nuestros pueblos mexicanos y de Veracruz. Es así  que nuestra peregrinación a este lugar santo, fortalece el caminar al Cielo que cada día realizamos tanto en nuestras montañas, campos y bosques, como en nuestras zonas urbanas o al pie del volcán de Orizaba. Queremos que María de Guadalupe aliente nuestra fe para crecer como pueblo de la verdadera esperanza, signo y presencia del Reino de Dios.
 
5. Traemos a los pies de María nuestra gratitud por tantas alegrías y los gozos, por los buenos frutos y bienes alcanzados. Pedimos que siga fortaleciendo nuestros empeños y deseos de vivir las enseñanzas del Evangelio, en nuestra familia y sociedad en general. Queremos que las comunidades parroquiales crezcan en ardor evangélico para anunciar la alegría Jesús, para llevarlo con entusiasmo y valentía nuestro modo de vivir de la Palabra. Le pedimos que las familias sean santuarios de vida y amor donde se cuida la vida y educa en la fe y valores.  Que nos ayude a cuidar a la madre tierra,  la tierra que Ella bendijo con sus pies desde este cerro del Tepeyac. Ponemos pues, hermanos, nuestra oración personal y comunitaria junto con las necesidades y oraciones de los hermanos que físicamente no pudieron venir, pero están entre nosotros.
 
6. También ponemos a los pies de nuestra Madre las tristezas y penas, dolores y angustias, temores y necesidades que nos lastiman. Recurrimos a Ella porque igual que al tío Bernardino, nuestra región está enferma de pobreza, ignorancia; está enferma de una deficiente educación, por un desempleo que se agrava, violencia, inseguridad, corrupción,  mentira… nos atacan epidemias de vida superficial, como el relativismo y el secularismo. Nos entristece los que tienen que salir de sus hogares y comunidades, y emigran lejos buscando trabajo o un modo de tener lo elemental para sobrevivir, muchos de ellos desaparecen en el camino y no sabemos más de ellos; a muchos otros, el hambre, la ignorancia y desesperación, les agrava la enfermedad y los llevan a tomar caminos que no son los que enseña Jesús. Eso le ponemos en las manos de María.
 
7. Tú María, en medio de nuestras aflicciones, nos llenas de fe y esperanza. Tú nos enseñas a vivir y participar de la comunidad. Como nos dice hoy la primera lectura de este día nos invitas a construir comunión, pues estás en medio de los discípulos, de tu Hijo Jesús; eres tú modelo de seguimiento de Cristo, escuchando su Palabra y perseverando en la oración. Y es que desde el nacimiento de Cristo, tú lo presentas para que lo conozcamos pues sólo Él es Camino, Verdad y Vida. María, gracias por llevarnos a Jesús, gracias porque fortaleces nuestra vida en Cristo.
 
8. Madre nuestra, en medio de las incertidumbres y cuando la noche se hace más oscura, pedimos tu presencia que nos sigas llevando a Jesús… Igual que a San Juan Diego, cuando los problemas nos llevan a evadir el encuentro contigo y buscamos otros caminos creyendo que podemos solucionarlos solos, te pedimos que salgas a nuestro encuentro para darnos paz y consuelo, que nos sigas llevando a Jesús, fuente de salud del alma, el cuerpo, de lo social…
 
Concédenos renovar nuestro encuentro con Cristo y, con alegría y entusiasmo, que pongamos en contacto con Él a los alejados y a los que no saben nada de Él. 
 
Concédenos fortalecer la nueva evangelización en nuestra Diócesis. Evangelizar con actitud de Iglesia Misionera, Iglesia en Salida, capaz de renovar y actualizar sus métodos y expresiones evangelizadoras, sin miedo a crear nuevos estilos y formas  y a superar estructuras caducas que ya no ponen en contacto con Cristo. 
 
Concédenos tu intercesión para anunciar, celebrar y vivir el Evangelio, con nuevo ardor y alegría. Ayúdanos a volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio.
 
Llénanos de entusiasmo a los pastores para valorar nuestra vocación y trabajar en comunión con nuestros laicos y, así, organizar nuestra acción pastoral en la actualización nuestro Plan Diocesano de Pastoral. Ilumínanos para que con generosidad, laicos, religiosas, seminaristas, sacerdotes y Obispo, elaboremos un proyecto diocesano en que todos nos involucremos a responder a las necesidades que tanto necesita nuestra región. 
Bendícenos con la paz que tanto necesita nuestra región, consuela a quienes han perdido a sus seres queridos, ayúdalos para encontrar estructuras para que la delincuencia disminuya. Ilumina a las autoridades, a nuestros hermanos en esta situación tan crítica que atravesamos.
Ponemos, Madre nuestra, en tus manos a las nuevas autoridades que han sido electas en estos días para los cargos de alcaldes. Ilumínalos para que trabajen con honestidad, para que cumplan con las obligaciones que han asumido; concédeles ser honrados y transparentes; que busquen el desarrollo integral de los municipios.
Madre nuestra, nos acogemos a ti y ponemos en tus manos a nuestra Diócesis de Orizaba, pues tenemos presentes las palabras que pronunciaste aquí, en este cerro del Tepeyac:
 
"Hijo mío, el más pequeño, que nada lo que te asusta o aflige, no se turbe, no temas esa enfermedad, ni otra alguna enfermedad y angustia ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo? ¿Qué más has menester?"
 
¡Que así sea!



 
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